“Food porn” la comida irresistible en las redes.

Efecto WOW, muchas calorías, colores exuberantes y otros sazones, los nuevos rumbos del negocio gastronómico.

Que la comida entra por los ojos no es un concepto nuevo, pero sí lo es que lo haga a través del móvil, es decir de forma virtual. Y como las fotos no permiten ni oler el aroma ni saborear los platos, hay que confiar en la fuerza de la imagen para despertar el deseo de comer aquello que se ve. Es lo que se conoce como food pornel porno de la comida.

El concepto no acaba de nacer. De hecho, surgió en los años 50 en los inicios de la fotografía gastronómica. Y se denominó así porque, como la pornografía sexual, “ofrece fantasía a quienes no pueden permitirse cocinar, o pagar, esos platos”, según definición del teórico de la literatura y escritor Roland Barthes.

Un negocio en expectativa

El 'foodporn' una nueva tendencia que desata la polémica entre los restauradores
El ‘foodporn’ una nueva tendencia que desata la polémica entre los restauradores (@gastrofilia)

Lo distinto ahora es que no se trata de crear imágenes profesionales para promover una cadena de comida rápida o platos con estrella en las revistas de diseño. La moda de fotografiar lo que se va a comer, lo haya cocinado uno o se lo hayan servido en el bar de la esquina, es una tendencia que está empezando a incidir en el negocio de la restauración a través de las redes sociales.

Tal vez en España sea todo muy nuevo. Pero en otros países, como Inglaterra, ya se empieza a vislumbrar que aparecer en determinadas redes sociales puede repercutir en beneficios económicos. Lo tiene claro la londinense Georgia Green (Georgia’s Cakes), diseñadora de pasteles, que pasó de cien a 6.000 seguidores en un solo día. ¿Cuál fue el milagro? Pues que la top model Cara Delevigne le encargó un pastel cuya foto colgó en sus cuentas en las redes sociales.

Una tienda de pasteles pasó de tener 100 seguidores a 6.000 en un solo día, después de la visita de la top model Cara Delevigne

“En ese momento, ella tenía unos cinco millones de seguidores en Instagram y yo apenas cien”, explica Georgia Green a la BBC, quien reconoce que ese éxito repentino le ha llevado a modificar algunas de sus ideas. “Ahora soy más consciente de cómo conseguir un mayor número de seguidores y me siento más presionada a hacer determinadas elaboraciones porque sé qué gusta a los instagramers”. Aunque, asegura, “no hago nada que no me represente como persona y como marca”.

No todo el mundo piensa así y hay quien reconoce que adapta sus propuestas a los nuevos gustos estéticos porque les consta que muchos de sus clientes lo son después de haber visto sus platos en Instagram. Directamente piden aquello cuya foto les ha llamado la atención sin ni echar un vistazo a la carta.

Foto de comida, foodporn?
Foto de comida, foodporn? (badmanproduction / Getty)

De ahí que los restaurantes se planteen hacer menús en los que la imagen no defraude. Para ello hay que primar la disposición de los alimentos en el plato, la combinación de colores, la vajilla, la mantelería y hasta la decoración e iluminación del local para facilitar el trabajo a los influencers.

El peligro está en restar importancia al sabor o a los valores nutritivos. Lograr el equilibrio entre ambas cosas no es fácil, aunque hay quien lo resuelve con imaginación. En el restaurante Polpo de Londres no renuncian a su propuesta, que consideran muy nutritiva y sabrosa, pero no tan estética como exige Instagram, y por eso han optado por acompañar los menús con cócteles, “que añaden un toque de color a las fotos”.

Los restaurantes ahora se plantean hacer menús fotografiables

Otros llegan al extremo de cambiar la decoración del local para hacerlo visualmente más atractivo o variar el tipo de iluminación para que las fotos no queden oscuras y con grano.

Conscientes de ello en el local del Soho londinense de la cadena de restaurantes Dirty Bones tienen un pequeño equipo a disposición de los instagramers que incluye un mini foco, cargador de baterías, un objetivo gran angular adaptable al móvil y un palo selfie. Llegados a este punto habría que diferenciar entre los aficionados que no hacen más que seguir una tendencia y los que han convertido su hobby en una profesión.

Estos saben, por ejemplo, que utilizar el zoom es imprescindible, porque a la gente le gustan los planos cortos en los que la comida ocupe toda la pantalla. Otra cosa que tiene mucho éxito son las elaboraciones con muchas capas, como las hamburguesas o los bocadillos de tipo americano. Y los pasteles, que permiten dar rienda suelta a la imaginación e incluir mucho colorido y texturas.

¿Y qué pasa en España?

La youtuber Eva Olivares (Eva Cuinera en su canal, que gestiona como hobby), cree que puede ser contraproducente “dar tanta importancia a la imagen, porque se corre el riesgo de restar valor al sabor de los platos y, como consecuencia, al trabajo de los cocineros”, según explica a Comer.

Muchos restaurantes invierten en instagrammers para intentar llenar sus locales

Y aunque reconoce que a nivel internacional son muchos los restaurantes que están adaptando sus elaboraciones, o incluso la decoración de sus locales, a las necesidades de los instagramers, cree que “en España es muy incipiente” y que no son muchos los profesionales de la restauración dispuestos a “invertir” en instagrammers, convencidos de que les vayan a llenar el local de un día para otro.

“No es tan fácil”, dice Olivares, “porque muchos de los supuestos influencers no hacen más que seguir una moda, no tienen gran experiencia como gourmets y ni siquiera cocinan. Y a menudo quienes lo ven como una salida profesional lo que hacen es comprar seguidores y “likes” para hacerse un hueco en el mercado.

El secreto está en el perfil

No es que se oponga a la tendencia, pero apunta que para que la relación entre los “me gusta” y el beneficio económico funcione es necesario, ante todo, asegurarse de que el instagramer al que vas a pagar tenga un perfil de seguidores adecuado al nivel gastronómico y económico del restaurante que trata de promocionar. De lo contrario es un gasto inútil.

La picaresca tan propia de nuestra idiosincrasia también ha proliferado en el tema y profesionales del sector han llegado a denunciar presiones de supuestos influencers para que les inviten a comer -a ellos y a sus amigos- a cambio de publicar las fotos de sus menús. Para los restauradores el reto es lograr el equilibrio entre sacar partido de esa tendencia y mantener intacta la esencia del establecimiento.

La ciencia toma la palabra

Un plato de comida
Un plato de comida (www.white-desert.com)

También los científicos tienen algo que decir al respecto de la comida y la imagen que la representa. Para ello volvamos al principio, a lo de que la comida entra por los ojos. Y que no es tan trivial como parece. Para el psicólogo experimental Charles Spence de la Universidad de Oxford, “la forma en que los alimentos están dispuestos en el plato tiene un gran impacto, porque crea expectativas. Nuestro cerebro imagina el sabor que tiene lo que ve y desea degustarlo”.

En uno de sus experimentos, se da a un grupo de comensales la misma comida, pero a la mitad se la ponen en el plato de cualquier manera y a los demás se la disponen de manera estética. Estos últimos dan una nota mucho más alta al sabor que los otros y se muestran dispuestos a pagar más por lo que han comido.

La comida presenta de forma estética es mucho más valorada

Algo parecido se concluye en un estudio publicado en 2012 en el diario Physiology and Behavior (fisiología y comportamiento). Desvela que los mínimos detalles sobre la apariencia de un plato, como el brillo, la homogeneidad y la forma pueden alterar la percepción de los comensales sobre el gusto y el aroma de lo que van a comer.

Parece comprobado que el food porn dispara algo en nuestro cerebro y algunos científicos creen que las imágenes de comida despiertan el deseo de la comida real.

Los maníes saben mejor en la foto

Cacahuetes fritos
Cacahuetes fritos (bhofack2 / Getty)

Es una cuestión fisiológica que tiene que ver con la grelina, conocida como la hormona del hambre, cuya producción se dispara cuando se ven imágenes de comida apetecibles. Otra investigación de 2011 mostraba que cuando se trata de apetito, el food porn puede ser un sustituto de la propia comida. Es decir, que las representaciones de comida pueden provocar que se desprecie la comida auténtica.

Comprobaron que cuando mostraban a los voluntarios imágenes de cosas saladas para picar se sentían algo decepcionados por el sabor de cacahuetes salados que les daban de comer. En cambio, quienes previamente habían comido dulces los encontraban más buenos. Parece que los estudiosos del tema no acaban de ponerse de acuerdo sobre cómo funciona el cerebro en relación con las imágenes de comida que tanto éxito están teniendo en Instagram.

La comida, real o virtual, no es sólo una forma de alimentarnos

En lo que sí parece coincidir todo el mundo es en que la comida, real o virtual, no es sólo una forma de alimentarnos, sino que es una fuente de belleza que tiene incidencia en la psicología de las personas. Y al final puede que el éxito del food porn se deba, simplemente, a que satisface algo tan inmediato y visceral como la necesidad primordial de alimentarse.

FUENTE: LA VANGUARDIA

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