Midsommar: Terror a pleno sol

Sectas paganas, rituales religiosos y fanatismos extremos en la segunda cinta de Ari Aster

Hace un año tuvimos el honor de asistir a la ópera prima de terror Hereditary, una retorcida visión del duelo y la pérdida en una familia. Esa única película bastó para poner a Ari Aster en el panteón de los más prometedores directores del género de terror de la actualidad. Con grandes actuaciones y un estilo que primaba el ambiente y el terror psicológico por sobre el clásico rico en gore o jump scares, se suma a otros nombres que en la actualidad hacen lo mejor del género (como Jordan Peele y Robert Eggers).

Hablando específicamente de Aster, sus películas mantienen un ritmo lento que ahonda en los conflictos internos de sus personajes, mientras construye un universo que será fuente del terror de la cinta. Las reglas del mundo que establece suelen afectar desde lo externo a los personajes, hasta perturbarlos en el interior, llevándolos a los sitios más oscuros. Es este descenso al infierno mental lo que imposibilita al espectador quedar inmune al viaje aterrador.

El terror no espera a la noche

Midsommar comienza con una escena que podría funcionar como un cortometraje de terror por sí misma. Sin spoilear nada, la escena desencadenará el trauma que dará forma a la protagonista para su actuar a lo largo del resto de la película. Una escena impactante, increíblemente bien actuada y con una hermosa fotografía. Es quizás una de las partes que más me gusta de la película.

Luego el ritmo baja y nos adentramos, ahora sí, en la historia principal. Un grupo de amigos realiza un viaje a una comunidad perdida de Dinamarca, para asistir a un festival basado en una muy antigua religión. Cada quien con sus intereses, el grupo de amigos se empieza a relacionar con un sistema de costumbres que incluye hongos alucinógenos, bailes ceremoniales y sacrificios rituales.

Durante la película se van dosificando pistas que advierten lo que puede llegar a suceder en un futuro, lo que genera que uno como audiencia quiera gritar advirtiendo a los personajes a lo que se van a enfrentar. Siempre a plena luz del día, con una paleta de colores muy clara y hasta alegre, Aster se las ingenia para que nunca descienda la tensión que se va generando.

¿Vale la pena ver Midsommar?

El guion se siente mucho mejor definido que en Hereditary y la técnica cinematográfica se encuentra mucho más pulida, sin embargo algunos chistes innecesarios juegan en contra de lo que se crea. No todo el humor está mal, mucho del humor negro ayuda a complementar de manera perfecta.

Honestamente este es la mayor crítica que puede hacerse de una película que, si bien puede no ser del agrado de los puristas del género, es de lo mejor de terror del año. Corré a verla al cine y prepárate para sentir que el miedo puede acechar incluso en los más alegres páramos.

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